Soy libio, gracias por salvarme… ahora

2011 marzo 23
by David Fernández

Hállense tranquilas sus señorías, que la ONU respalda sus votaciones. Siéntense orgullosos de tan noble gesta: enviar un batallón -dentro de nuestras humildes posibilidades- para luchar contra tan vil enemigo, antaño nuestro amigo.

 

Es una Guerra Santa de las que ya no quedan, no bendecida por el Papa como en el medievo, sino por aquellos ilustres mandamases de palacio y corsé de plata. Incluso la oposición, en otras cosas díscola, en este momento transcendental ha dado el sí quiero. Y rizando el rizo, PedroJ, el insigne director de El Mundo -ahora convertido en tuitero y ocupado con las gestas de Rubalcaba- ha puesto sus manos y su espada sobre el gentil hombro de ese Rajoy, tan responsable “por coherencia”.

 

Y sí, Gadafi, Gaddafi o Gadhafi -o como sea que en su casa le llame su santa madre o su sufrida esposa- es ahora nuestra afrenta. Pareciera ser que antes fuera un buen valedor de los derechos humanos, salvador de patrias ajenas -invirtiendo por doquier el dinero que no le pertenece- y salvando ancianas subidas a los árboles (o gatos, qué más da). De la noche a la mañana, unos descamisados -haciendo homenaje al ahora prudente Alfonso Guerra- se atreven a dudar de los sistemas establecidos.

 

¡Hasta ahí podíamos llegar! Que unos indocumentados se atrevan a dudar de la buena labor que Gadafi lleva haciendo para su pueblo. Si hasta el FMI había exaltado con fiestas de 40 días y 40 noches al régimen dictatorial por sus habilidades económicas. Pero no, el mundo se ha dado cuenta de que el buen señor, de pronto es perverso y, es ahora y solo ahora, cuando mata, abusa, roba y se ríe de su pueblo.

 

Se han tenido que juntar los pensadores del Consejo de Seguridad de la ONU, para llegar a tan conspicuo descubrimiento. ¿Hubo fumata blanca al acabar para anunciar la buena nueva?

 

Y sí, siéntanse tranquilas sus señorías que ahora no hay actores que griten con cara de líderes con conocimiento de causa aquello de “No a la guerra”. Este es un conflicto de izquierdas, no como aquel de Irak que era de derechas. Las guerras ahora son de ideologías (estoy seguro de que a sus muertos les importa una barbaridad bajo que consigna les matan). Este es una contienda “buena” pues lo ha ratificado la ONU.  Incluso aquello de aliados y coalición suena bonito, puro y limpio. ¡Son Aliados contra la maldad!

 

Pero no se atrevan ustedes a llamarlo guerra, o vendrá nuestra postulada candidata y ministra Chacón y les dará un buen par de azotes. Se denomina salvación. Eso después de pensar y pensar. Y si queremos llamarlo poéticamente: “odisea del amanecer” (yo soy partidario de cosas más comunes. ¿Qué les parece llamarlo simplemente “Paco”?)

 

Si yo fuera un muerto de esta guerra, les daría las gracias a los señores pensantes. Me habrían liberado de que me matara Gadafi, Gaddafi o Gadhafi. Me sentiría más tranquilo habiendo sido muerto por los señores buenos de la ONU.

 

Y lo mejor, es que los Aliados no quieren despojar al buen dictador de su silla, solo quieren… ¿Qué quieren?

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