
Hoy, preparando el próximo proyecto de mi empresa estaba visitando Webs de posibles proveedores. Y no se trata de servicios baratos, nada más lejos.
Pues bien, de los cuatro principales del sector, con dos únicamente se puede contactar vía formulario. Uno de los cuales con error reiterado al enviar. El teléfono brilla por su ausencia en ambos casos. Reitero que se trata de empresas que mueven millones de euros al mes.
En la tercera empresa, llames cuando llames y el día que llames, el equipo de ventas está reunido. Para mí que no existen los vendedores en plantilla y llaman a una ETT cuando tienen a un cliente interesado.
La cuarta tenía teléfono directo y atendido, pero vaya, no tienen el producto que busco. Mi gozo en un pozo al estar un instante emocionado por mi éxito telefónico de contacto.
Por eso titulo esta entrada como la titulo, porque parece que algunas empresas no quieren vender y los clientes molestan por preguntar.
No quiero olvidar a las empresas cuyo único contacto es un teléfono 902 (incluso las hay con tarifa de valor añadido 905). Comprendo que muchas personas en determinados servicios se cuelgan los de los amables (a veces) telefonistas como si se tratara de un psicólogo o el suplente de su vecina que salió a comprar, pero para contactar e interesarse por los productos de la empresa no hay que castigar al atrevido cliente -potencial cliente-.
Casi se me olvida: en uno de los dos formularios que con paciencia rellené, la primera pregunta era: “Estado civil” y tres casillas para elegir: SR. SRA. y SRTA.. Yo no podía marcar, porque si se trata de estado civil (y no como debería figurar “Tratamiento”), me faltaba el “Señorito”.
En serio, la usabilidad y la facilidad al cliente son asignaturas que se olvidan al diseñar un sitio. Sí sí, muy bonito todo, mucho flash, mucho colorín 2.0 -no falla el verde césped o el azul cielo- como se lleva ahora, pero muchas veces nos olvidamos de que hay un cliente al que enamorar. De verdad, este juego no consiste en hacer huir al cliente, más bien en convencerle para que nos quiera y confie en nosotros.
A mí esto fustigar a los visitantes de una Web me parece poco serio, aunque afortunadamente hay de todo en la viña de Internet.

Es decir, a partir de qué momento una persona o una empresa deja de ser “enrollado” y cool con su campaña 2.0 y pasan a ser simple spammer.
Cualquier ponente que se digne y que aborde una conferencia, debe empezar por contar lo que significa crisis en chino. Sí sí, aquello de la oportunidad. Me imagino a un chino al que despiden de su empresa en la que cobraba 30 euros al mes, pero que al menos le daba para poder comer, explicando a su mujer, a sus hijos, a los padres y hermanos a los que mantiene, que no se preocupen y que han de alegrarse de la crisis familiar porque es una oportunidad.
Nunca entendí ni entenderé el concepto estandarizado de cultura, es decir, por qué se considera cultura una novela -¿leer a la trilogía de Larsson es de cultos?-, o una película -¿visualizar una película de Almodovar es de cultos?-, o la música en general -¿son Lady GaGa, Falete o el Torito Guapo del Fary para cultos?-.
Parafraseando el comienzo de la Constitución estadounidense de 1787 y añadiendo un término que según la RAE es despectivo pero que yo la empleo con gusto como sinónimo de sociedad o gente de a pie, me sirve de inspiración para reflexionar sobre el estrato de los que hacemos Internet, los que lo consumimos y los que lo financian, es decir, el capital.


