
No es que el coaching sea una moda, lo que es una moda en la actualidad es que surjan coachs hasta debajo de las piedras. Ya sabes, si quieres darte importancia, di que eres coach. ¡Anda que no queda bien que una madre diga que su hijo es coach!
Suele pasar que cuando existe una profesión no regulada legalmente, y con acceso por diferentes vías -precisamente por esa no regulación-, se sube al carro todo hijo de vecino. En esencia, un coach debería ser un psicólogo titulado y con experiencia, especializado en alguno de los diferentes campos que comprende, como puede ser el empresarial, el personal, ontológico, deportivo, etc.
Pero no, basta con estudiar un curso de dos meses para salir con un título -que ni es necesario poseer para ejecer-. Es muy parecido al mundo SEO: basta con decir que lo eres para serlo, aunque sólo hayas leído un foro y tres posts sobre el tema. Decir que eres SEO ¿también “mola” verdad?.
Un SEO por su parte debería tener amplios conocimientos y experiencia en marketing, usabilidad, programación, además de por supuesto, funcionamiento de buscadores, analítica, conocimiento de los usuarios, objetivos, etc. No basta con saber que el título y la descripción “son muy importantes”.
Ambas tareas tienen responsabilidades trascendentales. En la de coaching está en juego la consecución de unos objetivos o metas, la superación de unos deseos, que suelen ser de vital importancia para el entrenado. En el SEO, está en juego la visibilidad de un trabajo y no se limita sólo a posicionar, entra en el engranaje global de comunicación.
Es cierto que para ser carnicero, camarero o pintor nadie exige un título, pero no es menos cierto que los resultados de estas profesiones son inmediatos, y si no son buenos en su trabajo, el cliente puede tomar cartas en el asunto de inmediato.
Sin embargo un coach o un SEO obtienen resultados (cuando los obtienen) a muy largo plazo, y mientras tanto pueden estar montando un numerito de engaño al confiado cliente. Si no se consiguen los resultados, con echarle la culpa a él, es suficiente.
Lo contradictorio, es que el coaching no es algo moderno. Todos hemos tenido entrenadores a lo largo de nuestra vida, sin tener que bautizarlos en inglés: desde tu profesor de idiomas, hasta el supervisor de tu gimnasio pasando por tu amiga que te empuja para que consigas al chico/a que te gusta. Llámalos coachs si te gusta.
Que te ayuden a conseguir algo no está mal, ni es motivo de deshonra, pero ya que nos ponemos, hagámoslo con alguien que posea unos requisitos mínimos, y no cojamos como coach a alguien que hizo un curso por correspondencia en la CEAC o a un SEO que con labia que diga conocer los secretos de Google porque sabe que es el PR.
A la hora de gastar en dinero, si en estas tareas no se pueden garantizar resultados futuros, al menos exijamos conocer lo ya cosechado con otros clientes (y no vale eso de contestar que la confidenciabilidad no les deja).
Y tú, ¿haces coaching o SEO?.


Es decir, detrás de una etiqueta de moda, como pudo ser “la movida” o “los metrosexuales”, ¿qué es de verdad el 2.0?, e incluso, ¿existe?.

Es decir, a partir de qué momento una persona o una empresa deja de ser “enrollado” y cool con su campaña 2.0 y pasan a ser simple spammer.