Nosotros, el populacho
Parafraseando el comienzo de la Constitución estadounidense de 1787 y añadiendo un término que según la RAE es despectivo pero que yo la empleo con gusto como sinónimo de sociedad o gente de a pie, me sirve de inspiración para reflexionar sobre el estrato de los que hacemos Internet, los que lo consumimos y los que lo financian, es decir, el capital.
En la economía tradicional marxiana se solía diferenciar el sistema económico en dos partes desiguales: fuerza y capital. Trasladándolo a Internet no queda claro quién es quién, es decir, la diferencia entre quién trabaja “la tierra” y los medios necesarios para trabajarla.
Porque en realidad esa macroeconomía se traslada de manera complicada al mundo de la Red. En realidad los emprendedores, aquellos que constituyen el tejido empresarial y que mueven Internet somos a la vez el proletariado y los empresarios.
Esto no deja de ser bueno: se pierde esa dicotomía que aleja a los mandados de los decisores, a los que trabajan de los que se llevan el mérito final.
Sí que es cierto que en Internet, como en el mal llamado mundo real -todos somos reales al fin de al cabo-, al final acabará todo como en la economía off-line, es decir, grandes grupos financieros y empresariales moverán el sistema, quedándonos a los demás la única posibilidad de alquilar la tienda de barrio de la esquina, es decir, la microespecializada- para poder subsistir. Ese futuro lo tengo claro, pero lo que no lo está tanto es quienes serán esas empresas y si serán algunos de los que abren sus “tiendas” ahora.
Por ahora, la masa emprendedora y voluntariosa es la que impera, la que levanta cada mañana la verja de su página y lucha por ingresar un céntimo de publicidad y otro de ventas por allá. En paralelo se van creando esos grandes monstruos que ya son realidad pero que por ahora no son tan intocables como pueda parecer.
Por eso se puede afirmar que el “populacho” tenemos el poder, y más en un sistema funcional en el que los grandes tienen que escuchar a los consumidores para no morir de olvido. Y si se suma que mientras nos dejan, aún podemos robar parte del mercado a los que se creen todopoderosos, aún podemos seguir respirando sin miedo a los látigos.
Internet ya ha superado la madurez y quieras que no, aunque hay ciertos grupos grandes acaparadores, la capacidad de hacer negocio sigue existiendo
Lo cierto es que me da mucho miedo el futuro y la gran G.