La copia gratuita como negocio
Mucho se está hablando en estos días convulsos sobre la Propiedad Intelectual. Claro está que el motivo es la Disposición que a ella dedica el proyecto de Ley de la Economía Sostenible, que cuanto menos es discutible en su forma y en su fondo.
No voy a meterme demasiado a abordar la forma en la que el Gobierno, presionado por las discográficas de todo el mundo -obviamente con más fuerza desde España y también desde USA- se ha dejado convencer de que la realidad es que la industria audiovisual le ha contado, criminalizando la realidad, la cruda realidad. No, ya se han escrito muchas palabras sobre todo el asunto que apasiona tanto la Red.
Sólo decir que el modelo “si la justicia no me da la razón, sustituyo a la justicia por quien me dé la razón” se aloja un tanto del concepto de separación de poderes característico de un verdadero estado de derecho como el nuestro.
El negocio de la copia gratuita
Nadie puede negar que el modelo en el que hoy se basa la música va a cambiar radicalmente en los próximos años. Y ¿cómo va a ser el cambio? Pues se producirá el paso de un sistema basado en el poder y protagonismo de las discográficas a otro en el que el propio autor/cantante deberá luchar por llevar su obra al consumidor.
Esto no quita que alrededor del autor y del cantante (si no son la misma persona, ambos tienen que seguir negociando, pero directamente) sigan existiendo varios roles imprescindibles como los estudios de grabación y post-producción por ejemplo, y alguno nuevo, como empresas especialistas en marketing on-line, en redes sociales o generadores de ruido, es decir, conseguidores de visibilidad de la obra. Nuevas profesiones y oportunidades económicas se presentas pues.
Se pasará de la obsesión por que nadie copie una canción, a todo lo contrario, a intentar que el mayor número posible de personas se descarguen gratuitamente una canción (y que la escuchen a menudo). O sea, lo que hacemos todos para conseguir traer audiencia a nuestras páginas o blogs.
El modelo de negocio por su parte, variará de estar basado en el ingreso por unidad copiada, a fórmulas indirectas de publicidad, patrocinio y sinergias con otras actividades comerciales. Por ejemplo, el merchandaising, los lucrativos conciertos en vivo, la utilización de la música para piezas publicitarias, y la venta de servicios premium más allá de la obra básica.
Y si hablamos de música, podemos extender el panorama a la literatura y obras basadas en el texto. Hasta ahora nadie ha puesto el grito en el cielo, pero con la presenta revolución de los libros electrónicos, la polémica de la música se va trasladar miméticamente a la de la industria editorial.
El problema para las editoriales seguirá el mismo patrón: todo el mundo se descargará el libro en vez de adquirirle. Y se volverá a intentar paliar la situación criminalizando al usuario, de nuevo otro error.
En el mercado literario será más complicado obtener ingresos, pero la publicidad y el patrocinio seguirán siendo caminos clave, así como la ayuda estatal repartida en base a su difusión. Pero hoy en día, sólo unos pocos autores pueden comer de su pluma, así que desde una situación pésima para la mayoría, donde es casi imposible asomar la cabeza si no se cuenta con los contactos imprescindibles, la oportunidad que da la nueva era literaria es muy atractiva.
Como reflexión final: un artista ¿no debe pretender que su obra llegue al mayor número de destinatarios? Pienso que sí, si de lo que se trata es de expresarse y llegar a su público. Pero si el objetivo es luchar por hacerse ricos, deben pasar a ser empresarios y explotar directamente su obra, ayudándose de las nuevas herramientas y de los compañeros que la Red ofrece. Lo que no es posible, es anclarse en el pasado y querer seguir cobrando de la duplicación física o digital, algo ya demasiado obsoleto y condenado a morir.
Trackbacks & Pingbacks
Comments are closed.