Mal día para la Red
Debería publicar el Manifiesto y sumarme a los miles de blogs indignados (y no es para menos) porque hoy se aprobó la Ley de Economía Sostenible, que incluye la famosa disposición en la que da carta blanca al Ministerio de Cultura para saltarse aquel derecho, hasta ahora indiscutible, a la tutela judicial efectiva.
A partir de ahora, una comisión estará por encima de la libertad de expresión. Sí, el Gobierno transmite la idea de que esta medida sólo afecta a los sitios que distribuyen o enlazan a obras con derechos de propiedad intelectual. Muy bonito y blanco desde su punto de vista, pero no lo es. Primero porque nadie, salvo un órgano jurisdicional, debería intervenir en el proceso de comunicación pública y en el derecho a la información que la Constitución ampara. Y ese derecho se manifiesta en actos como un blog o un comentario sobre el arte de cazar mariposas: una cosa no es menos “importante” que otra. La Justicia con mayúscula está para algo, no para saltársela si las sentencias no convienen.
Segundo porque si ahora las intenciones son unas, mañana pueden ser otras. El poder ejecutivo no puede tener en sus manos una herramienta que le capacite para cerrar vías de expresión. Sería tan fácil cerrar un blog como argumentar que un determinado comentario daña la imagen de una obra.
Que un juez intervenga si la citada comisión juzga a su libre elección (o sea, que el causante juzga él mismo sobre la causa) que puede estar en peligro el derecho constitucional a la información, es cuanto menos patético. Eso se llama en mi pueblo poner el poder judicial al servicio del poder ejecutivo. Y el poder ejecutivo al servicio de la anquilosada industria de fabricación de espejitos con sonido (en otras partes llamados CD’s).
Desde luego que un autor debe cobrar, eso nadie lo discute, pero no es lícito cambiar leyes y crear instrumentos a medida para que empresas intermediadoras mantenidas con vida gracias al óxigeno y al bombeo de su corazón, sigan respirando. Su muerte es segura, sólo que se impide la entrada a la familia para que desconecten las máquinas.
No voy a republicar el manifiesto porque me parece poco efectivo a estas alturas, pero sí te invito a reflexionar sobre dónde estamos y cómo queremos que sea nuestro futuro. Al menos una vez cada cuatro años se nos pregunta.
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