Los nuevos filtros de la información

2010 agosto 4
by David Fernández

Avanzado el siglo XXI, un siglo que prometía coches voladores, humanos con inteligencia espectacular y vida en otros planetas, hemos retrocedido en el campo de la información. Ello, a pesar de que ahora los ciudadanos poseen la mayor capacidad de acceso que se ha tenido nunca. No es una contradicción, si no la consecuencia lógica de la sobre-saturación informativa.

En un sistema donde la información es excesiva para el ciudadano medio y en el que el usuario está agobiado por la oferta gratuita de datos que no puede abarcar en su totalidad, se realiza un filtro necesario de noticias. En la era pre-Internet la agenda informativa era marcada por los grandes medios clásicos que seleccionaban bajo sus propios criterios lo que el destinatario debía conocer en cada momento. Esa masiva existencia real de información era tamizada, seleccionada y servida cómodamente al espectador/oyente/lector que se limitaba a consumirla -otorgándola en la mayoría de los casos una veracidad elevada e indiscutible-. Los medios se convertían así en el filtro, interesado o no, de la actualidad cuasi-infinita. La ciudadanía no tenía elección, sobre todo pensando en que esas agendas marcadas eran homogéneas y acompasadas.

Internet ha significado la revolución en la información en cuanto a que el filtro de selección de un número escaso de noticias ha desaparecido, pasando al lado opuesto del péndulo en el que la absorción de todo lo ofrecido al ciudadano es imposible en su totalidad, ni siquiera en una porción significativa. Pero en la evolución desde la escasez dirigida a la sobre-saturación en el marco de libertad, el resultado ha acabado por ser el mismo: el destinatario se queda con sólo una porción de la información que viene asignada por necesidades temporales y de atención.

Aunque la cantidad de información que al final absorbe el ciudadano no ha variado en un plano relevante, si ha cambiado en dos aspectos significativos: el contenido y la vía de recepción. En cuanto al contenido, la concurrencia de los medios (incluidos los clásicos que ahora deben hacer competencia a los nuevos) hace que éstos tengan que recurrir al espectáculo informativo, al sensacionalismo, a la noticia de impacto e incluso al puro amarillismo para poder llamar la atención del usuario. Prevalecen en esta línea los escándalos, los errores, la corrupción, los sucesos escabrosos, hechos relacionados con el sexo, caída de mitos y poderosos, etc. Lo habitual, lo mundano, lo acostumbrado… ya no vende. Al espectador le es ya indiferente un coche bomba en un país lejano con una cifra significativa se muertos mientras no le afecte en su vida, pero si le muestran un perro mutilado o un bebé herido sí que captará su atención. El número de muertos de un acto terrorista o un accidente de avión necesarios para que llame la atención aumenta paulatinamente: 30 muertos ya son “pocos”, quizás a partir de 300 el ciudadano empieza a prestar atención. Un muerto arrollado por un tren no es significativo, más de 10 sí. Unos cuantos insultos en una tertulia o en un programa de cotilleos, llaman más la atención que una “clásica” guerra a 10.000 kilómetros.

Las noticias cada día han de reinventarse para no caer en la rutina: la corrupción ha de adornarse con trajes regalados, la política con la vida personal (con preferencia al escándalo) de sus actores, la economía vende si se marcan cifras a las que llegar o no llegar como si de apuestas se tratara (por ejemplo si se llegaría al 20% de desempleados o no), el deporte se calienta si un entrenador critica al contrario o un árbitro comete una injusticia manifiesta, etc, etc.

Al final tenemos el resultado de que mientras anteriormente la información dirigida era equilibrada, ahora la recibida se mueve por la economía de la atención y el impacto emocional/interesado. El usuario se queda con lo impactante y desecha las noticias “aburridas” y acostumbradas. La información se ha convertido en un verdadero espectáculo competitivo.

En cuanto a las vías de recepción, los medios clásicos re-adaptados siguen teniendo fuerza de alcance masivo, pero como decimos, con esas premisas de la consecución del impacto. Los nuevos medios en Internet se abren paso, pero también cumpliendo el mandamiento de la atención si no está enfocado a un aspecto concreto de la información como puede ser una tendencia política determinada.

Seguido del prestigio de la marca editorial, la recomendación social de noticias se ha convertido en la segunda vía -por encima del SEO- de aportación de lectores a la noticia. El hecho es importante si otro lo ha recomendado como tal. Por eso los medios se afanan por volcar sus esfuerzos en las redes, principalmente Twitter y Facebook, en las que además de anunciar sus textos, interactúan con su público y aprovechan para averiguar qué noticias y hechos son los que llaman más la atención. Es una interactividad en tiempo real impagable (sobre todo porque tiene coste cero más allá del sueldo de los communities manager de turno).

Y de nuevo volveremos al triunfo de la noticia más llamativa,, trágica o sensacionalista, siguiendo la necesaria volatilidad de estas redes donde la atención a un tweet dura pocos segundos. Eso sí, si el medio logra captar la atención masiva hacia un hecho relevante que cuenta en exclusiva, de una manera diferente o con datos diferenciadores a la competencia, tendrá un éxito asegurado.

En consecuencia, si existen nuevos filtros que marcan el contenido y nuevas vías de acceso a él, a los medios no les queda más remedio que adaptarse… o morir. La calidad retrocederá pero al menos se alargan los coletazos de supervivencia de un medio.

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